jueves, 7 de octubre de 2010

SE NOS FUÉ TONY CURTIS

Uno de los actores más guapos, los ojos más hechizantes, la ambigüedad más famosa y los registros más variados como actor. Todo eso era Tony Curtis para la industria del cine y para los amantes del séptimo arte.
Y se nos ha ido.

Cualquier periódico de cualquier país 'occidentalizado' del planeta ha anunciado su muerte otorgándole los adjetivos que se merecía: eterno galán, gran seductor, 'papeles memorables', icono del Hollywood dorado, y mucho más.

Rodeado de un aura de misticismo sexual, y con montones de matrimonios, relaciones, 'affaires', hijos y supuestos romances, supo quitarse como nadie la imagen de chico guapo a costa de elegir los papeles (cuando ya gozaba de cierta popularidad). Para ello fundó su propia productora y fue él mismo su propio manager. Se aventuró en papeles dramáticos y los salvó con un sobresaliente, pero eran los roles cómicos los que le llovían y por los que consiguió escenas inolvidables.

Pero...¿quien era en realidad Tony Curtis?
Emmanuel y Helen Schwartz, un matrimonio de judíos húngaros del barrio del Bronx (Nueva York) tuvieron en 1925 a su hijo Bernard. Su padre era un simple sastre y su madre una ama de casa esquizofrénica que daba frecuentes palizas a sus tres hijos.

A los 5 años empezó a ver películas y quedó fascinado, mientras iba forjando un sueño-objetivo para ser actor. Fue llamado a filas y luchó en la 2ª Guerra Mundial, destinado al Pacífico y siendo testigo de la rendición del ejercito nipón en Tokyo.

En 1949, con 24 años y un físico hermosísimo, tuvo su primer papel (se dejó un tupé), y Elvis Presley decidió copiar su estilo de peinado. Pero en aquella película no pasó de ser un 'guapo' sin más.

Por eso tuvo que redoblar esfuerzos para conseguir demostrar su talento, y cerró (y abrió de sorpresa) muchísimas bocas con su papel en 'Fugitivos', que le valió una nominación al Oscar.
Desde entonces, directores y productoras se peleaban por tenerle en sus proyectos, especialmente para comedias, género para el que Curtis tenía una chispa natural.

En su haber cuentan más de 100 películas, algunas de ellas tan recordadas como 'Espartaco', 'Con faldas y a lo loco', 'Fugitivos', 'El gran Houdini', 'Trapecio' y 'Taras Bulba'.
Tiene incluso una escena censurada en Espartaco, que no fué incorporada a la película hasta que fue restaurada la cinta en 1992. En ella (hacía de esclavo con muy disimulados aires de ambigüedad) simplemente ayudaba a Laurence Olivier a salir del baño, y éste le decía 'a mi me gustan las ostras y los caracoles'.
Tan inocente comentario llevaba un más que evidente segundo significado (como decir ahora 'yo me tiro a la carne y al pescado') y en aquella época se consideró ofensivo, siendo censurado.

Al no figurar en la versión estrenada en su época y ser añadida después, el doblaje de la escena lo han hecho, obviamente, voces diferentes.

Pero tan prolífica como su carrera de actor fue su vida amorosa, dado que era considerado un bombón andante y no le faltaban pretendientes. Se casó SEIS veces (una de ellas con Janet Leigh, más conocida en Hollywood por sus poderosos senos que por sus dotes de actriz). Su última esposa tenía 45 años menos que él.

Tuvo sonados (y ocultos) romances, entre ellos una tormentosa aventura con Marilyn, de la que dijo que 'besarla es como besar a Hitler' y de la que aseguró que perdió un hijo de ambos que esperaba.
Tuvo CINCO hijos, entre ellos a Jamie Lee Curtis, que ha seguido la carrera de su padre, y a Nicholas Curtis, al que vió morir de sobredosis en 1994.

Desde 1980 se entregó a la afición de pintor y aceptó menos proyectos de cine.

Ha publicado sus memorias, que levantaron enormes ampollas en Hollywood, tachando a Sinatra de auténtico tirano y egoista, a Marilyn de depresiva y manipulada, y a Cary Grant de 'mejor actor de todos los tiempos', por el que sentía auténtica fascinación.

Genio y figura, pidió ser enterrado con una bufanda de Armani, guantes de conducir, su libro favorito (Anthony Adverse, del que sacó su nombre artístico) y su iPhone particular. Y así ha sido.
Descanse en paz.

Y démosle un homenaje con este recuerdo a su trayectoria: